ANTES DE RESPONDER
He notado que un gran número de sabotajes no intencionados de un diálogo suceden cuando una persona responde a la otra como reacción casi automática a lo dicho, sea por defensividad, impaciencia, sentirse amenazado/a, estar de afán, miedo, querer ser enfática/o, etc. Muchas veces podemos ayudar más al otro – y a nosotros mismos – si tomamos unos segundos para recordar las tres Ps de responder:
PERSPICACIA: Atender y observar activamente a la persona que habla con todo el poder de la intuición y sagacidad, para detectar lo que se está comunicando verbal y no verbalmente.
Aplicación: Puedo dedicar el tiempo y la energía necesarios para observar el lenguaje no verbal de la otra persona, escuchar su tono de voz y empoderar lingüísticamente (parafrasear o rastrear) cuando usa palabras abstractas o no claras.
PERSPECTIVA: Identificar y comprobar la inferencia, conclusión o presuposición derivada de lo anterior, reconociéndola como una percepción de la realidad conversacional, no la única percepción.
Aplicación: Puedo preguntarme a mí mismo cómo estoy reaccionando intelectual y emocionalmente a lo que dice la otra persona. Estos segundos de auto-cuestionamiento no solamente me sirven para “desarmar” una amígdala alborotada, sino para pensar en otras posibles formas de percibir y responder constructivamente a la comunicación. También puedo decirle al otro lo que estoy entendiendo y preguntarle si estoy entendiendo bien… puede haber otra explicación de lo que está diciendo y de la manera en que lo está diciendo.
PLANTEAMIENTO: Compartir otras opciones perceptuales o conductuales, si las hay, como alternativas y no como absolutos morales o éticos, respetando el derecho de cada uno a tener una opinión propia.
Aplicación: Puedo reconocer la validez de su punto de vista o de su derecho de tenerlo. Luego puedo compartir otros puntos de vista como unas opciones, con sus respectivas consecuencias posibles. Finalmente puedo aceptar y reconocer que la decisión final y la responsabilidad de ella es del otro.
Escrito por Gilbert Brenson-Lazan