LA SINFONÍA DEL BUEN LIDERAZGO

Entre todas las metáforas de liderazgo que he visto, una que me llama mucho la atención es la que hace el Conductor Sinfónica Itay Talgam. Siendo un amante de la música clásica, siempre he admirado como el conductor, con sólo un movimiento de su batuta, cuida la línea entre una cacofonía a la armonía. Talgam resalta en su “Maestro Program” algunos paralelos entre un buen conductor y un buen líder organizacional:

EMANAR PASIÓN Y FELICIDAD: Hemos reflexionado en notas anteriores sobre el papel de la pasión en el liderazgo. Todavía recuerdo la sudada cara del Conductor Antel Dorati en sus presentaciones de Tschaikovsky durante sus temporadas con la Orquesta Sinfónica de Minneapolis en los años 50, que solamente puede describirse como una combinación de pasión, felicidad y éxtasis. También veo algo parecido cuando un buen líder y su equipo se despiden después de una reunión especialmente productiva.

FACILITAR QUE LAS VOCES SE OIGAN: Es un arte y una magia poder hacer que todas las voces suenen con su óptima calidad, sea en la orquesta o en el equipo de trabajo. Ni la música ni el equipo funcionaría si todos los integrantes tocaron o hablaron al máximo volumen, pero el líder/conductor sabe que cada voz es importante en su momento y facilita su expresión oportuna.

CREAR ESPACIO PRODUCTIVOS CON UN MÍNIMO DE CONTROL: crear espacios, procesos y contenidos productivos con un mínimo (no ausencia) de control, también es un arte cotizado para los grandes conductores y líderes. Comandar y controlar es necesario en un principio; coordinar y co-crear son destrezas necesarias para producir una obra de arte. La autoridad puede fijar una estructura y unos parámetros para crear la colaboración, pero no es suficiente. Esta requiere también la valoración y reconocimiento de cada colaborador(a) dentro de un proceso participativo.

RETROALIMENTAR A LOS ARTISTAS: Aun los mejores artistas individuales no tienen conciencia del impacto de su música sobre el producto de un conjunto. Sólo el líder/conductor puede retroalimentar a los miembros del equipo acerca de la cantidad y calidad de cada aporte individual y su papel dentro del conjunto y lo hace con cariño, mesura y oportunidad.

HACER SIN HACER: Y cuando la sinfonía ha terminado o el equipo ha logrado sus metas, el líder conductor también recibe sus aplausos…sin haber tocado ni una sola nota.

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