“¡¡¡Pero No Tengo el Poder!!!”

Oigo con demasiada frecuencia esta frase y, lo que es peor, existe una creencia subyacente que uno no puede influenciar a otro sin ser “empoderado” por el jefe.  Ciertos tipos de poder son organizacionales y dependen de recibir una delegación de una persona más alta en la jerarquía, pero otros tipos de poder son personales y dependen exclusivamente del individuo.  Miremos a estas dos categorias (originalmente de French y Raven, 1960) y a los tipos de poder en cada uno:

PODER ORGANIZACIONAL: el que da la jerarquía o estructura de la organización:
PODER CONFERIDO: Esto es un poder “legitimo” de posición o rango dentro de la organización.  Este tipo de poder es fácil de dar y recibir pero puede ser mal otorgado, inestable o impredecible.  Depender de tu poder conferido puede ser necesario en un momento, más no es suficiente para ser un buén líder.
PODER DE PREMIO: Hay un poder cuando podemos premiar a los demás con aumentos salariales, oportunidades de crecimiento, etc.  El problema con este poder es que cuando se acaban los premios, se acaba el poder.
PODER DE COERCIÓN: Tener el látigo puede dar un poder basado en el miedo, más es muy temporal y genera malestar.  Para que haya una cultura de consecuencias, es necesario dar reconocimiento y tomar medidas correctivas. La coerción y la manipulación pueden dar buenos resultados a corto plazo pero nunca son duraderos, y tus buenos colaboradores no permanecerán en la organización.
PODER PERSONAL: tener los tres poderes anteriores no es suficiente para ser un excelente líder.  Debemos complementarlos con tres poderes personales:
PODER DE CONOCIMIENTO: Cuando tienes los conocimientos, destrezas y experiencias necesarios para entender una situación y sugerir soluciones,  los demás te van a hacer caso y esto es poder.  Cuando muestras experticia, la gente te respeta.  Puedes aprovechar cada oportunidad para ampliar tus conocimientos, habilidades y experiencias y tendrás más poder.
PODER CARISMÁTICO: Cuando eres amigable, respetuoso y digna de confianza, los demás no solamente te respetarán (ver anterior) sino confiarán en ti, se identificarán contigo y les caerás bien.  Esto es el poder carismático. No se trata de ser el “bonachón”, el “simpaticón”  o el “amiguero” para ser buen líder, más es muy necesario desarrollar buenas habilidades interpersonales para serlo.
PODER FACILITADOR:  Finalmente, el poder que muchos consideramos el más importante de los poderes personales es el que tienes cuando logras crear y mantener espacios y procesos de colaboración y crecimiento personal y del equipo.  Una cosa es lo que haces por otros; otra cosa es lograr que el otro o el equipo lo haga por si mismo.

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