LA FACILITACIÓN CARISMÁTICA

Todos nos sentimos atraidos por la persona carismática, sea un(a) líder político/a, un(a) profesor(a), un(a) guru,  un(a) jefe o un(a) facilitador(a).  Su potente y contagiosa combinación de inspiración y pasión nos anima, nos aviva y nos emociona.  A la vez hay otras consideraciones cuando estamos frente a un(a) facilitador(a) carismático/a.

Cada día estamos más acostumbrados a ser “entretenidos”.  Periodismo ya se ha vuelto entretenimiento, el dolor humano ya es la adicción de millones de seguidores de las telenovelas y los “reality shows”, los payasos ya no se limitan a los circos sino se encuentran de todas las profesiones en el escenario y en la televisión.  Adicionalmente, hemos sido condicionados a sentarnos y escuchar al profe, lider, experto o ponente parado adelante y verlo como gurú.  ¿Cuál es el impacto de esta tendencia sobre nuestra misión de crear espacios y procesos de auto-desarrollo individual y grupal?

Los facilitadores no son la excepción y he visto muchos que se especializan en el “entretenimiento” para crear mayor atención en sus talleres.  No hay duda que la carisma puede usarse para servir el bien colectivo del equipo o el grupo en determinados momentos.  Me temo que en muchos casos está más utilizado para servir las exageradas necesidades del ego del facilitador o la facilitadora.  Creo que hay momentos cuando una facilitación carismática es muy apropiada…y otros cuando impide el logro de los objetivos del grupo.  Yo he luchado con esta cuestión durante muchos años en mi propio trabajo como facilitador y estos son las conclusiones y aprendizajes que yo he tenido:

  • Una vez que he usado la facilitación carismática para que el grupo esté “rodando” en una conversación y comprometido a llegar a su meta, es hora de sentarme y callarme.
  • Si quiero decir algo sólo para ser simpático, mostrar mi conocimiento o impresionar con mi experiencia, es hora de sentarme y callarme.
  • Debo recordarme siempre que mi éxito como facilitador se ve cuando el grupo o equipo ya no me necesita, al menos por el momento.
  • La señal de mi éxito no es que me dicen lo bueno que soy, sino que aprendieron X juntos o van a ser Y.
  • El silencio sigue siendo la herramienta más subestimado en el proceso de la facilitación.

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