LA “FACILITAFOBIA”

15 septiembre 2011

LA FACILITAFOBIA

Esto es el nombre con el cual un colega, Fred Niziol, ha bautizado el síndrome que padecen muchos facilitadores primíparos que se estancan en la etapa de su formación de observar a los y las facilitadores más cancheros.  Mientras esta etapa de observación de facilitadores experimentados es clave en la formación del primíparo, quedarse allá es suicidio profesional.  Generalmente, sucede cuando el recién formado comienza a pensar demasiado acerca de sí mismo y no sintonizarse con el grupo.  Se manifiesta cuando al facilitador le surgen muchas preguntas como:

  • “¿Sería que lo hago bien?”
  • “¿Qué pasa si se me olvida algo?”.
  • “¿Les voy a caer bien?”
  • “¿Van a darse cuenta que estoy nervioso?”
  • “¿Voy a poder mostrarles mi conocimiento y destrezas?”
  • “¿Qué pasa de me hago el oso?”

Mientras estas preguntas pueden ser legítimas formas de auto-evaluación, cuando se vuelven obsesivas al puntos de temer “lanzarse al agua” de la facilitación de un grupo, se convierte en Facilitafobia y suicidio profesional.

CÓMO REDUCIR LA FACILITAFOBIA: La Facilitafobia se prende cuando pierdes tu presencia y sintonía con el grupo y comienzas a escuchar esa vocecita en la cabeza que te recuerda de tus embarradas anteriores, tus fallas y te hace estas preguntas anteriores:  piensas demasiado en ti al punto de perder tu sintonía con el grupo.  La magia de la facilitación de muere.  Puedes reducirla (raras veces la eliminamos por completo) con estas estrategias:

  • PRACTICAR, PRACTICAR, PRACTICAR:  para sentir confianza en tus propias destrezas y técnicas de facilitación.  Puedes ofrecerte a “facilitar” pequeñas conversaciones en el trabajo, con grupos sociales o en mesas de trabajo con otro facilitador a cargo.
  • PREPARARSE BIEN PARA LA SESION:  con un plan de trabajo realista (no un “guión” milimétrico y sobrecargado) y con los asuntos logísticos asegurados desde antemano.
  • PERSONIFICAR LO QUE PREDICAS: especialmente en cuanto a tu transparencia y humildad (sin auto-desprecio) y tu habilidad de escuchar para comprender, sin estar preparando tu respuesta mientras escuchas.

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15 septiembre 2011

Esto es el nombre con el cual un colega, Fred Niziol, ha bautizado el síndrome que padecen muchos facilitadores primíparos que se estancan en la etapa de su formación de observar a los y las facilitadores más cancheros.  Mientras esta etapa de observación de facilitadores experimentados es clave en la formación del primíparo, quedarse allá es suicidio profesional.  Generalmente, sucede cuando el recién formado comienza a pensar demasiado acerca de sí mismo y no sintonizarse con el grupo.  Se manifiesta cuando al facilitador le surgen muchas preguntas como:

  • “¿Sería que lo hago bien?”
  • “¿Qué pasa si se me olvida algo?”.
  • “¿Les voy a caer bien?”
  • “¿Van a darse cuenta que estoy nervioso?”
  • “¿Voy a poder mostrarles mi conocimiento y destrezas?”
  • “¿Qué pasa de me hago el oso?”

Mientras estas preguntas pueden ser legítimas formas de auto-evaluación, cuando se vuelven obsesivas al puntos de temer “lanzarse al agua” de la facilitación de un grupo, se convierte en Facilitafobia y suicidio profesional.

CÓMO REDUCIR LA FACILITAFOBIA: La Facilitafobia se prende cuando pierdes tu presencia y sintonía con el grupo y comienzas a escuchar esa vocecita en la cabeza que te recuerda de tus embarradas anteriores, tus fallas y te hace estas preguntas anteriores:  piensas demasiado en ti al punto de perder tu sintonía con el grupo.  La magia de la facilitación de muere.  Puedes reducirla (raras veces la eliminamos por completo) con estas estrategias:

  • PRACTICAR, PRACTICAR, PRACTICAR:  para sentir confianza en tus propias destrezas y técnicas de facilitación.  Puedes ofrecerte a “facilitar” pequeñas conversaciones en el trabajo, con grupos sociales o en mesas de trabajo con otro facilitador a cargo.
  • PREPARARSE BIEN PARA LA SESION:  con un plan de trabajo realista (no un “guión” milimétrico y sobrecargado) y con los asuntos logísticos asegurados desde antemano.
  • PERSONIFICAR LO QUE PREDICAS: especialmente en cuanto a tu transparencia y humildad (sin auto-desprecio) y tu habilidad de escuchar para comprender, sin estar preparando tu respuesta mientras escuchas.

 


MONEY CAN’T BUY PERFORMANCE

14 septiembre 2011

Gilbert Brenson-Lazan
Socio-Fundador
Amauta International, LLC

Dr. Daniel Pink has again revived the debate about “high pay gets you high performance” with some studies at M.I.T.  Research done with students there and then validated with other groups including such diverse groups as rural farmers in India, has conclusively proved that higher monetary incentives do not result in better  performance, but rather worse performance.

There is one catch:  if the performance depends strictly upon  mechanical skills, it will respond favorably to monetary reward, but if the performance also depends upon cognitive skills – conceptual, creative thinking – then it will not. It all goes back to what we learned from Herzberg in the 60s:  substandard pay will generate dissatisfaction, but just paying well will not create satisfaction and its resulting high performance.

Pink’s Trilogy of Performance emphasizes three elements that we have previously talked about in these blogs: Autonomy, Mastery and Purpose:

AUTONOMY: Control will get you compliance but only accountable autonomy will get you engagement and workplace passion.

MASTERY: Proficiency, challenge and opportunity to contribute continue to be key elements in personal motivation and, therefore, in performance.

PURPOSE:  When there is a clear and real vision and purpose shared amongst all, and there is no disconnect between profit and purpose, optimal performance can be expected.

If you want to see a delightful 10-minute presentation by Pink on this topic, with great graphic illustrations, go to:

<http://www.youtube.com/watch?v=u6XAPnuFjJc&feature=youtube_gdata_player&gt;


EL PELIGRO DEL “YO”

14 septiembre 2011

Hablar desde el “yo”, en la primera persona singular, es peligroso.  Si lo haces mucho,  las demás personas pueden percibirte como arrogante, fastidioso, egocéntrico o prepotente.  Pero si lo haces poco, especialmente como líder, te pueden percibir como débil, pasivo, indeciso o miedoso.  Si te mides bien en el uso del “yo”, te percibirán como auténtico, convencido, comprometido y valiente: un líder.

Una colega, Jane Perdue, dice:

“¡Gerencie desde su cabeza; lidere desde su corazón!”

Para hacerlo, es importante saber cuándo usar el yo (y por ende cuándo no).  A continuación algunas reflexiones al respecto:

CONVIENE USAR EL “YO” SOLAMENTE CUANDO…
…quieres presentar una idea totalmente tuya.
…hiciste un trabajo solo, sin la ayuda de otra persona.
…eres la persona responsable o “accountable” de una acción.
…quieres pedir feedback.
…metiste la pata.
…estás expresando una opinión propia.
…estás pidiendo a tu jefe un aumento o un nuevo oficio (con moderación).
…estás defendiendo tus legítimos derechos o clarificando tu posición.
…quieres informar a alguien lo importante que es para ti.
…quieres decirle al otro lo que sientes en una “Conversación Valiente”.