EXCELENCIA SIN COSTO

Muchos de Uds. han estado sudando la gota gorda con un nuevo presupuesto.  ¿Han pensado que existe un lado humano de la excelencia en liderazgo que facilita el lado estratégico?  Este lado humano no cuesta ni un centavo y puedes comenzar a tenerlo hoy.  En la urgencia de las demandas diarias y los límites de nuestra capacidad, fácilmente caímos en la creencia falsa de que el lado duro de exigencia puede hacer innecesario el lado “blando” de empatía. Desafortunadamente, sin esto, aquello nunca tendrá resultados positivos duraderos.   A continuación les ofrezco una “receta” para lograr esta excelencia en el lado empático sin gastar un peso, para combinarlo con la tan necesaria exigencia que debes desarrollar como líder exitoso.

 

SALUDAR A TODO EL MUNDO POR IGUAL:  Generalmente saludamos a nuestros jefes de manera distinta a lo que hacemos con nuestros reportes.  Dale a todo el mundo ese mismo saludo cálido y sonrisal que sueles dar al gran jefe.

 

PREGUNTAR MÁS QUE SERMONEAR: Dominan en el trabajo y en sus conversaciones los sabelotodos, quienes presumen e insisten que su perspectiva es la más interesante o valiosa.  Puedes ensayar lo siguiente en sus conversaciones:  hablar el 49% del tiempo y escuchar el 51%.  Los líderes efectivos son excelentes conversadores con muchas preguntas abiertas y sabias, y son las personas que otras quieren seguir.

 

DEJAR QUE TU VIDA HABLA POR TI: Si sucumbes a la tentación de fanfarronear acerca de tus esfuerzos o logros, terminarás disminuyendo el valor de lo que has hecho.  Dale el crédito y reconocimiento a los demás que los merecen y asuma la responsabilidad de tus errores cuando suceden.

 

QUEJARTE TRAS PUERTAS CERRADAS: Todos tenemos quejas legítimas, días difíciles y mal de gadejo.  Evita contagiar a los demás con tu chirripillorcas, por bien justificadas que sea.  Los retos son una oportunidad de aprender a volar por encima de las nubes en lugar de meterte en la mitad de la turbulencia y buscar lástima con un papel de victima.

 

RESALTAR LO POSITIVO:   Es más fácil para casi todo el mundo corregir un error en el otro que reconocer y elogiar su acierto.  Procura afirmar y agradecer dos veces más de lo que criticas.  Y recuerda incluir en su reconocimiento su “ser” al lado de su “hacer”.

 

RECONOCER EL PELIGRO DEL 10%:  Como excelente líder que eres, tienes la razón el 90% del tiempo. El gran peligro es engañarte y pensar que esa cifra es o debe ser el 100% del tiempo.  Te conviertes en un peligro relacional cuando crees que estás en el 90% cuando realmente estás en el 10%.

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