BITACORAMAUTA: LIDER PARTERA

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LÍDERES PARTERAS

NOTA: COMPARTO HOY CON BITACORAMAUTA UN ESCRITO DE UNA QUERIDA COLEGA GBL

Arianna Martínez Fico
Socia-Directora
Empoderarte C.A.
empoderarte.ca

Desde hace varios años me ha interesado el quehacer de las parteras, al punto de haber tenido la suerte de conversar con algunas de las muy pocas y auténticas comadronas que todavía existen. Los aprendizajes que he tenido a partir de esas conversaciones me han llevado a pensar en “la metáfora de la partera” que, llevada al mundo organizacional, puede darnos una noción novedosa del liderazgo.

Creo que el verdadero rol de quienes trabajamos con personas, es apoyarlas a hacer de ellas la mejor versión de sí mismas. Ese proceso implica conexión, entrega profunda, amor incondicional y reconocer que detrás de los resultados están los procesos y su excelencia y, detrás de éstos, está el Ser.

CONOCIMIENTO Y PREPARACIÓN PREVIA: Antes del parto, la partera conoce a la madre, conversa con ella, indaga mucho acerca de su vida, sus costumbres y su familia. Toca y explora su cuerpo. También recorre su casa entera o el hogar donde tendrá lugar el alumbramiento. Su actitud es la de quien busca las herramientas que le permitan llegar mejor preparada al gran momento. En síntesis, una partera se prepara antes, conoce a la parturienta en profundidad, sabe cuáles son sus fortalezas y en dónde hay que poner mayor atención. Esto le permite anticipar cómo será ese parto y en cuáles recursos apoyarse.

De esta misma forma, un “líder partera” se interesa genuinamente por conocer a su gente: saber dónde y cómo vive, qué la hace feliz, sus preocupaciones, cuál es su entorno social y familiar, cuáles son sus sueños y las angustias de su alma. Se esmera en indagar sus fortalezas, potencialidades y oportunidades de mejora. En conclusión, el “líder partera” invierte tiempo de calidad en el conocimiento profundo de sus colaboradores, porque sabe que no es posible desarrollar a quien no se conoce.

CONEXIÓN: En el momento del alumbramiento, la partera se entrega totalmente a su labor: entra en un estado de conexión y presencia absoluto. Cualquier distracción podría poner en peligro la vida de la madre y el bebé. Ella está allí, en el ahora, con todo su ser.
De igual manera, el “líder partera” es un líder consciente, presente en el aquí y ahora física, mental, emocional y espiritualmente. Con la misma devoción que la partera se entrega a su trabajo, él lo hace al desarrollo y empoderamiento de su gente.

CONFIANZA QUE EL OTRO SI PUEDE: Durante el proceso, la partera nunca juzga a la madre. Sólo la acompaña, la alienta, la inspira, la motiva. Su conexión es tan profunda, y su amor tan pleno, que no tiene necesidad de dobleces. Ella está allí para acompañar, a veces siendo dulce, otras alentando. En ocasiones da masajes a la madre o la acompasa en su respiración. Y, cuando es necesario, le da un grito, la desafía, hasta llegar a cachetearla si es necesario porque sabe que, de no hacerlo, tal vez la mujer se resigne, no siga pujando, y deje morir todo lo hermoso que está en su interior. La partera sabe que ese dolor y esfuerzo serán recompensados con una nueva vida.

Así mismo, el “líder partera” actúa desde la absoluta convicción de que el otro puede. Enseña, muestra, acompaña, explica con amor y paciencia, escucha, motiva, usa el error como un recurso de aprendizaje, hace reconocimiento y refuerza positivamente; pero también exige, disciplina, aprieta, apura, desafía, coloca obstáculos, y esta presión la hace siempre midiendo hasta dónde. Con amor y maestría el “líder partera” acompaña, monitorea, hace seguimiento cercano o pide cuentas, evalúa, y ofrece retroalimentación. Entiende cuándo es el momento de instruir y cuándo llegó la hora de delegar. Él sabe que mientras más alto sea el desafío y mayor el esfuerzo, su gente tendrá la oportunidad desplegar todo su potencial.

SOLTAR EL RESULTADO: La partera jamás está pensando en el resultado, ni siquiera se esfuerza en visualizarlo. Sencillamente sabe que se dará. Si el bebé ha de nacer y ella y la madre hacen lo indicado, el resultado vendrá. No hace falta estresarse ni pensar en él; tan sólo vivir el proceso.
De la misma manera, el “líder partera” entiende que cuando se hacen las cosas correctas, los resultados vendrán solos. Si él ha invertido tiempo en conocer a los suyos y, desde la fe en sus posibilidades, los viene acompañando amorosamente durante el proceso, sabe que emergerán mejores seres humanos. Es, como dicen los orientales, el momento del wu wei, el momento de fluir y de permitir que el liderazgo de sus colaboradores se despliegue libremente.

HUMILDAD: Cuando el bebé nace, la gran recompensa para la partera es la satisfacción de haber facilitado el proceso de sacar de la madre lo mejor que ella tenía dentro de sí: una nueva vida. La partera no espera reconocimientos especiales; sabe que no los tendrá. Es el momento de la retirada: los protagonistas son ahora madre e hijo. Nadie mirará ni felicitará a la partera; los ojos estarán posados en la nueva vida. Y es aquí donde queda de manifiesto la grandeza de la partera: su humildad que proviene de un ego domesticado.
El “líder partera” no solo desarrolla a su gente, invierte tiempo en su propio desarrollo personal. Su liderazgo se basa en el servicio. Él sabe que el mundo organizacional muchas veces opera desde marcos mentales impregnados de competencia, parcelas, jerarquías y juegos de poder, y la única manera de modelar algo diferente es modificando sus propios modelos mentales. Solo un líder consciente puede ser un verdadero “líder partera”.

Estas son algunas de las lecciones que nos entregan las parteras. Ese espíritu de parteras cotidianas, de sus equipos de trabajo, y de las personas a quienes se impacta desde el liderazgo, es el que quiero convocar. No puedo finalizar sin compartir un aprendizaje adicional que he vivido con este tema del liderazgo al estilo de las parteras: no podemos hacer parir a quien no está preñado. Cuando una persona o una organización no quieren, no habrá partera que valga. El cambio y la transformación son siempre una elección personal. ¿Podemos entonces preñar a alguien para luego ser su partera? Por supuesto que sí, pero ello implicaría ejercer otro rol. Ahora bien, lo de ser líder padrote o semental es tema para otra entrega.

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